Escudriñar el ocio

El ensayo Retorno de Quetzal León (Ciudad de México, 1976) confirma una obsesión del fotodocumentalismo mexicano sobre el descanso de los otros, su concurrencia tanto en playas como en balnearios, así como las dinámicas establecidas por el turismo. Antes de anotar las asociaciones que me producen sus imágenes, vale la pena recordar que México es uno de los países integrantes de la ocde que más horas de trabajo tiene por semana: 43, con un promedio de 2,255 horas trabajadas al año. Además, nuestro país es uno de los que menos días de vacaciones pagadas otorga a sus trabajadores, si bien hay un promedio de 10 al año, la realidad es que apenas hacen efectivos 6 del total de los días otorgados.

Retorno me hace recordar otras series y ensayos dedicados a explorar los rituales masivos de esparcimiento. Sábado de gloria (1994) de Francisco Mata es quizá el antecedente más preciso en la fotografía documental contemporánea. Un poco después, él mismo junto con Eniac Martínez desarrollarán un ensayo doble sobre la vida a lo largo de las costas mexicanas, el resultado fue una muestra y un libro que compartieron el mismo título: Litorales (2000). Otro referente es la serie Acapulco no es California de Misael Torres (2004-2006), el cual fue precedido por otra larga serie, Oasis (2002), sobre la actividad en balnearios de la zona centro del país.

A través de las imágenes que conforman Retorno, llama mi atención el esfuerzo por subvertir el tiempo dedicado al descanso como una oportunidad para ejercitar la mirada y componer imágenes en función tanto de las circunstancias como del paisaje. Se pueden señalar tres apartados en la conformación del ensayo, pero no los describiré como si se tratara de un esquema jerarquizado.

En uno de ellos la playa hace las veces de escenario y en él se despliegan las actividades propias de la cotidianidad del turista. Aquí cabe lo mismo el consumo de mercancías y alimentos, motor económico de casi todas las comunidades que viven en la región y dependen profundamente del turismo para subsistir, como aquellos momentos que podríamos identificar de auténtico ocio: mirar el horizonte, nadar en el mar abierto, besarse a la orilla del mar, chapotear en la alberca…

En el siguiente, se observa lo que ocurre en la playa: bañistas tirados al sol, dormidos bajo el peso de la resolana, trabajadores que toman una pausa en su interminable ir y venir, familias enteras jugando con la arena, adolescentes en la exploración de sus identidades… El tercero responde a la curiosidad que rebasa fácilmente los límites no especificados de la vida del turista: caminar más allá de la franja comercial y averiguar cómo es el auténtico paisaje de la localidad, cómo socializan sus habitantes, los colores que adornan las casas, los espacios muertos, aquellos en lenta construcción, la infancia que se desarrolla a pesar las evidentes condiciones precarias de su entorno…

Esta mirada en ejercicio, que va y viene entre los límites del cliché y la documentación honesta, es una fase poco conocida del autor. Quetzal León se desempeña también como editor, ilustrador y artista gráfico, es un entusiasta del libro de artista, así como de las ediciones de tiraje corto pero bien cuidadas. Con Retorno nos hacemos cómplices de un autor experimentado y conocedor de las posibilidades de los lenguajes visuales. Detrás de estas tomas, en apariencia cándidas, hay un ojo ávido y de talento probado.

Irving Domínguez
Ciudad de México, mayo del 2018