Fotografías de Quetzal León

Desde la franja de tierra que llamamos playa miramos la lejanía con nostalgia, pero sobre todo con asombro y quietud. Es el lugar que nos recuerda un pasado que desconocemos de forma certera, pero de una u otra manera imaginamos. Un pasado en el que la primera naturaleza del ser humano se gestó y a la que de modo inconsciente queremos siempre —o casi siempre—, regresar. No es casualidad que durante siglos pensamos que en el mar profundo habitaban los más temibles peligros y los más terribles monstruos, las bestias que podían encantar y enamorar hasta a los más valientes. Al mar y a sus habitantes se le temía como se le teme al vacío, porque al vacío no se le puede enfrentar. Aún hoy el mar sigue siendo una gran incógnita, un espacio y un tiempo a la vez, un lugar tan profundo y vasto como la propia conciencia, y la playa es su frontera.

Quetzal León